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Desde el pliegue de la palabra. formaciones subjetivas, From the fold of the Word. subjective formations, |
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DOI: 10.32870/sincronia.v30.n90.e971 Esta obra está bajo una licencia internacional Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0
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Rolando Javier Bonato |
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Resumen. Palabras clave: Comunidad. Subjetividad. Literatura. Abstract. Keywords: Community. Subjectivity. Literatura. |
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Recepción: 08/01/2026 Revisión: 02/06/2026 Aprobación: 22/06/2026 |
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Introducción La tensión producida entre subjetividad y comunidad nos permite construir una zona de reflexión alrededor de las discusiones presentes sobre la literatura actual al tiempo de enriquecer los debates sobre sujeto y sociedad desde la particular mirada de la ficción. La primera caracterización para realizar supone que la literatura en su potencial ficcional se apropia de contenidos, conflictos y valoraciones sociales tendientes a producir otros sentidos no condicionados por la normatividad de la lengua en tanto dispositivo simbólico. Al suspender la antinomia verdad / falsación del pacto de lectura, la semiótica de la lengua emerge, en términos de Julia Kristeva, para contener otras memorias y acontecimientos verbales y no verbales. Miguel Dalmaroni reflexiona sobre la lengua en su articulación con la literatura.
Los dos territorios posibles de la literatura descriptos por Dalmaroni incorporan la subjetividad y, como veremos luego, la comunidad en tanto condición de posibilidad de la esfera estética y, en un igual sentido, la estética poniendo en evidencia el potencial abierto entre subjetividad y comunidad. En su primera caracterización literaria, Dalmaroni introduce la idea de resto como aquello que viene a dar cuenta de lo que excede o no está del todo visible en la cultura pero que es constitutivo de la condición humana. La propuesta exploratoria que sigue procura ordenarse a través de la relación que se da entre subjetividad y comunidad en su articulación con la literatura. Para eso formulamos las siguientes preguntas disparadoras. ¿Qué semiosis produce la sinergia subjetividad / comunidad al vincularse con el acontecimiento literario? ¿De qué manera la experiencia de la violencia es determinante de una formación subjetiva capaz de producir un horizonte de inteligibilidad en el encuentro con otros? Desarrollo La subjetividad provoca deseo y una experiencia vital de creación de sentidos en el que está interceptado el vínculo entre individuo y colectividad. Así, en una articulación estratégica entre marxismo y psicoanálisis, Terry Eagleton (2013) analiza la subjetividad asociando lenguaje y la literatura con el orden de la simbólica y el placer. Su teoría del placer presupone que la experiencia estética con la poesía simula una pantalla del inconsciente en la que se suceden lentos cuadros de lectura. La performatividad poética radica en la posibilidad de expandir las propias fronteras del sujeto al plegarse sobre la virtualidad del poema. El placer de dicha experiencia deviene en estos términosp.
La hipótesis central de Eagleton admite que el placer se encuentra dentro de los cálculos del poder con el fin de producir sujetos históricamente determinados. Constituidos como sujetos culturales nos encontramos atravesados por el problema político del placer. El desafío supone reflexionar el vínculo que se da en la relación del tipo de placer que se obtiene del arte y el que se alcanza por las luchas producto de las necesidades y las injusticias. En esta articulación de la subjetividad, la exterioridad y el deseo emerge una primera hipótesis de trabajo. Al considerar la subjetividad un polo, la comunidad deviene en tanto respuesta o condición de posibilidad de una formación subjetiva. La mirada dialéctica de estos dos términos nos obliga a considerar que ambas nociones se ordenan sincrónicamente como consecuencia de su interacción. Como primera síntesis, hemos analizado la subjetividad como pliegue de la exterioridad en el sujeto. El movimiento subjetivo intercepta también otro doblez. la expresión subjetiva hacia un otro a partir del cual se puede constituir comunidad. Esta es la réplica conceptual y virtual potencia abierta alrededor de la subjetividad. En tanto, la literatura es una forma expresiva que genera las condiciones de una réplica a las imposiciones simbólicas y culturales en lo que a comunidad refiere. Comunidad y resto En términos de Roberto Esposito (1998) la comunidad es, en su sentido etimológico, no solo lo que aúna a miembros sino a un munus, el deber, tarea o cumplimiento de una ley. Si el principio que convoca es la ley, esta contiene la culpa por su propia naturaleza perversa, señala Esposito. De ahí la imposibilidad de realizar una comunidad. Paradójicamente, la comunidad se ordena bajo la dicotomía de lo necesario y, al mismo tiempo, lo imposible. ¿De qué manera constituirla superando el imperio de los intereses y diferencias particulares de cada individuo que la compone? El problema así planteado explicita dos entidades. sujeto y comunidad. “No solo en la modalidad pasiva de la sujeción del quedar sujetado sino en la modalidad activa de la subjetividad. Así la ley corroe, atrapa, descompone nuestra subjetividad. La ley viene del afuera y conduce al afuera de nosotros.” (Esposito; 1998, p. 38). La cita explicita el principio de culpabilidad de la ley en tanto sujeción y control de formaciones subjetivas según los cálculos del biopoder. En la aproximación de las categorías que hemos dado cuenta -literatura en Miguel Dalmaroni, subjetividad según Esther Cohen y Comunidad en Roberto Esposito- aparece recurrentemente la imposibilidad de aunar límites. La noción que recupera este rasgo que sale de toda territorialidad conceptual la llamaremos provisoriamente resto y nos permitirá reflexionar a propósito de la movilidad de estas categorías y sus matices conceptuales. Una de las teorías que ha introducido la noción de resto fue el psicoanálisis al explicar aquello que el orden simbólico no reconoce pero que constituye al sujeto. Sujeto que en su naturaleza es una instancia escindida e incompleta por la falta de ese resto perdido; sobra o desecho que resiste a toda asimilación del significante. Sujeto deseante constituido sobre la base de esa escisión o pérdida. Toda comunidad se sostiene en esa exclusión o resto que siempre vuelve, tal como se grafica en el relato de Kafka, como sujeto representado o bien como síntoma de naturaleza o no lingüística. Jacques Nancy lo describe en los términos de la intrusión.
Por otro lado, en el límite de lo innombrable e irrepresentable, Giorgio Agamben desarrolló la idea de resto a través de las figuras del musulmán en los campos de exterminio nazi y también la del testigo sobreviviente. En ambas aparece un doble límite. el de la condición humana para el primero y el de la imposibilidad de dar cuenta de lo ocurrido en el segundo. El testigo es una brecha entre el viviente y el hablante. En esta dirección, la palabra poiética recupera el hiato entre identidad y alienación, entre sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado. Proceso de subjetivación desubjetivación que Agamben, siguiendo las tres emblemáticas publicaciones de Primo Levi, lo visualiza a través de la vergüenza. Me refiero a Si esto es un hombre, Los hundidos y salvados y Si ahora no, ¿cuándo? La vergüenza del sobreviviente aunando la imposibilidad humana de mantener separadas la inocencia y la culpa.
La noción de resto grafica la escisión descripta en el proceso de subjetivación y también la condición aporética de toda comunidad. Entre este polo de la subjetividad y la comunidad esbozamos la respuesta a uno de los interrogantes con lo que iniciamos esta presentación. la noción de comunidad se constituye por su resto, capaz de conectar con la potencia de cada singular subjetividad. Esta es la síntesis con la que la literatura puede organizar una particular experiencia con la lengua. El segundo interrogante inicial, ¿de qué manera la experiencia de la violencia es determinante de una formación subjetiva capaz de producir un horizonte de inteligibilidad en el encuentro con otros? será el asunto del último cuento escrito por Rodolfo Walsh y que la última dictadura cívico militar se encargó de desaparecer. “Juan se iba por el río” de Rodolfo Walsh. comunidad, resto, deseo La imagen del autor escribiendo remite al contexto de lectura en el que Ferreyra leía los últimos escritos de su compañero. Entre los borradores se encontraba la novela interrumpida que da sustento al cuento. El cuento narra la actitud de un destierro. El actor social más característico de la historia nacionalista argentina, el gaucho, aquí decide cruzar el Río de la Plata ya que el territorio en el que vive no lo contiene. El relato coincide con los prolegómenos de la primera corriente inmigratoria, el derrotado que ve los trastos del emblema nacional, las arengas de los generales antes de las guerras y el retorno del cadáver de San Martín. Los momentos son coincidentes con el final de la vida de Juan, pero, a diferencia de la resignación por la inminencia de la muerte, como en El entenado, éste decide el cruce fluvial. El título se vuelve ambivalente en cuanto a que el destino último, si logra o no llegar a la otra orilla, no se conoce. El hipérbaton de la interpelación e imprecación a los coroneles por parte de Alsina “En la patria de ellos, yo me cago” (Ferreyra 2006) se cifra el gesto de resistencia y desafío característicos del género gauchesco (Ludmer1988). La interrupción y continuidad remite a la condición comunitaria de la narración con el fin de estar en comunión con una experiencia. El conocimiento de la primera lectora, y ahora narradora del cuento, acerca de que otro está al tanto de la historia, redobla la apuesta por conocer aquello que el otro tiene como requerimiento de una narración ahora colectiva. En la ficción, Juan ve la llegada de San Martín a orillas del Río de la Plata mientras recuerda lo pasado y, entonces, desafiando su destino, pasa al otro lado. Juan transita el Río de la Plata en una bajante. El final indeterminado había sido preanunciado por el autor ya que Rodolfo Walsh decide abandonar a su personaje y quedarse en la otra orilla, la Argentina. Para Lilia es la cifra perfecta para entender un destino atravesado por la ideología y el compromiso. La indeterminación de la acción que aparece en el título, iba, proyecta de modo equivalente el destino igualmente indeterminado del autor. Hay un diálogo en la reconstrucción de la historia que redobla la condición comunitaria. La desaparición del cuento y la quema del cuerpo de Walsh parecen invertir un modo de intervención biopolítica. Se quema un cuerpo y se desaparece una escritura. Quien repone la historia es quien firma la nota como compañera de Rodolfo Walsh. Los dos únicos lectores del borrador se reconocen como tales, del otro lado del mar de donde sucedieron los hechos traumáticos. una es víctima del exilio; el otro, del cautiverio en la entonces ESMA. El encuentro fortuito entre Lilia Ferreyra y Martín Gras exterioriza la pregunta ya prefigurada en el título. ¿Dos lectores conforman una comunidad? Retomo esta pregunta a la luz de las reflexiones formuladas alrededor de subjetividad, resto y comunidad con el fin de recuperar la experiencia violenta que, al mismo tiempo, es condición de posibilidad comunitaria. A modo de cierre Subjetividad y comunidad funcionan como díada y resto funge en tanto tercero excluido, garante de la posibilidad de apertura y ruido de ambas nociones. En tanto, la literatura produce pliegues sobre pliegues. el registro histórico de la organización nacional, los hechos referidos del cuento perdido, la organización formal del cuento, la rememoración en ambos, el resto que se dirige a los años 80 y el presente. Pliegues superpuestos a irrupciones, que confluyen en significantes en tanto restos. A lo largo de las presentes páginas hemos examinados la potencia reflexiva alrededor de las categorías subjetividad, comunidad y resto, sobre todo en lo que respecta al tratamiento de las crisis y conflictos de la cultura de nuestro presente. Los conflictos intersubjetivos de las formas comunitaria, las que se expresan a través de minorías y subalternidades o conflictos étnicos e internacionales tienen en la literatura un particular tamiz desde donde observar nuevos repartos sensibles y formas de vida. |
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Referencias Agamben, G. (2004) Lo que queda de Auschwitch. El archivo y el testigo, Buenos Aires, Adriana Hidalgo. Agamben, G. (2005), Profanaciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo. Agamben, G. (2006). Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-textosp. Barcelona. Cohen, Esther. 2000. “Genealogías del concepto de subjetividad” en Ensayo y subjetividad. Marcelo Ferreyra, Lilian. 2006. “Dos lectores”, “Página 12” edición del día 9 de enero. Kafka, F. (2015). “Comunidad” en Comunidad y otros textos. Buenos Airesp. Ministerio de Educación. Dalmaroni, M. (2009). La investigación literaria. Problemas iniciales de una práctica. Santa Fep. Universidad Nacional del Litoral. Esposito, R. (1998). Comunidad, inmunidad y biopolítica. Eagleton, T. (2013). A contrapelo. Buenos Airesp. Nueva visión. Kristeva, Julia. 1988. Semiótica I. Buenos Airesp. Siglo XXI. Nancy, Jean-Luc. 2006. El intruso. Buenos Airesp. Amorrorto. |
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NOTAS: [1] “No lo conocemos, y no queremos aceptarlo con nosotros. Tampoco nosotros cinco nos conocíamos antes, y, si se quiere, tampoco ahora nos conocemos unos a otros; pero lo que entre nosotros cinco es posible y se admite, con ese sexto no es posible y no se admitirá. Aparte de todo esto, nosotros somos cinco y no queremos ser seis. Y ¿qué sentido tiene, en definitiva, este permanente estar juntos? Ni siquiera para nosotros tiene sentido alguno. Pero nosotros ya estamos juntos, y continuamos así; pero no queremos una nueva unión, en razón, precisamente, de nuestras experiencias […]. Preferimos no aclarar nada, y no lo aceptamos. Por más que saque trompa 1o alejamos a codazos; pero por más que lo alejemos a codazos él vuelve.” (Kafka; 2015, p. 23). |
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Universidad de Guadalajara Departamento de Filosofía / Departamento de Letras |
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