Desde el pliegue de la palabra. formaciones subjetivas,
comunidades y resto
.

From the fold of the Word. subjective formations,
communities and remainder.

 
 

DOI: 10.32870/sincronia.v30.n90.e971

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Rolando Javier Bonato
Universidad Nacional del Comahue
(ARGENTINA)
CE. rolandobonato@gmail.com
https.//orcid.org/0000-0002-1683-9949

 

     
         

Resumen.
El presente artículo analiza la relación que se da entre subjetividad y comunidad en tanto zona de reflexión alrededor de las discusiones presentes sobre la literatura actual, al tiempo de enriquecer los debates sobre sujeto y sociedad desde la particular mirada de la ficción. ¿Qué semiosis produce la sinergia subjetividad / comunidad al vincularse con el acontecimiento literario? ¿De qué manera la experiencia de la violencia es determinante de una formación subjetiva capaz de producir un horizonte de inteligibilidad en el encuentro con otros? Entendemos la subjetividad como pliegue de la exterioridad en el sujeto. El movimiento subjetivo intercepta también otro doblez. la expresión subjetiva hacia un otro a partir del cual se constituye comunidad. Esta es la réplica conceptual y virtual potencia abierta alrededor de la subjetividad. En tanto, la literatura es una forma expresiva que genera las condiciones de una réplica a las imposiciones simbólicas y culturales en lo que a comunidad refiere. Estos presupuestos los pondremos en tensión con el análisis de un corpus literario acotado en el que intervendrá el relato “Comunidad” de Franz Kafka y el testimonio “Dos lectores” de Lilia Ferreira.

Palabras clave: Comunidad. Subjetividad. Literatura.

Abstract.
This article analyzes relationshi between subjectivity and community as a zone of reflection within current discussions on contermporary literatura, while enriching debates on subject and socity from the particular perspective of fiction. What semiosis does the synergy between subjectivity and community produce when linked to literary evento? How does experience of violence determine a subjective formation capable of producing a horizon of intelligibility in encounter with others? We understand subjectivity as the folding of exteriority within the subject. Subjective movement also intercepts another fold. subjective expresión toward other, from which community is contituted. This is conceptual and virtual potential opened up around subjectivity. We will put these assumptions into tensionwith análisis of a limited literary corpus in wich the story “Community” by Franz Kafka and the testimony “Dos lectores” by Lilia Ferreira will intervene.

Keywords: Community. Subjectivity. Literatura.

 
Recepción: 08/01/2026
Revisión: 02/06/2026
Aprobación: 22/06/2026
 
         
 
 

Introducción

La tensión producida entre subjetividad y comunidad nos permite construir una zona de reflexión alrededor de las discusiones presentes sobre la literatura actual al tiempo de enriquecer los debates sobre sujeto y sociedad desde la particular mirada de la ficción. La primera caracterización para realizar supone que la literatura en su potencial ficcional se apropia de contenidos, conflictos y valoraciones sociales tendientes a producir otros sentidos no condicionados por la normatividad de la lengua en tanto dispositivo simbólico. Al suspender la antinomia verdad / falsación del pacto de lectura, la semiótica de la lengua emerge, en términos de Julia Kristeva, para contener otras memorias y acontecimientos verbales y no verbales. Miguel Dalmaroni reflexiona sobre la lengua en su articulación con la literatura.

Lo que llamamos [...] “literatura” tiene por lo menos dos modos encontrados y hasta contradictorios de vinculación con lo social [...]. Perturba la subjetividad y la cultura [...]. Allí donde el sujeto queda siempre al borde de su exterior y la lengua que lo ha constituido [...] como resto o “sobra”. algo sin nombre mundano, algo que en lo social y en la lengua falta [...]. Por otra parte, la literatura es uno de los predios de lo social histórico. da curso tanto a formas de la sociabilidad y de la subjetividad [...] como a reproducir ideologías, sistemas de sentido, convenciones y articulaciones funcionales a alguna forma del intercambio social). (Dalmaroni; 2009,p. 23)

Los dos territorios posibles de la literatura descriptos por Dalmaroni incorporan la subjetividad y, como veremos luego, la comunidad en tanto condición de posibilidad de la esfera estética y, en un igual sentido, la estética poniendo en evidencia el potencial abierto entre subjetividad y comunidad. En su primera caracterización literaria, Dalmaroni introduce la idea de resto como aquello que viene a dar cuenta de lo que excede o no está del todo visible en la cultura pero que es constitutivo de la condición humana.

La propuesta exploratoria que sigue procura ordenarse a través de la relación que se da entre subjetividad y comunidad en su articulación con la literatura. Para eso formulamos las siguientes preguntas disparadoras. ¿Qué semiosis produce la sinergia subjetividad / comunidad al vincularse con el acontecimiento literario? ¿De qué manera la experiencia de la violencia es determinante de una formación subjetiva capaz de producir un horizonte de inteligibilidad en el encuentro con otros?

Desarrollo
Tomando como punto de referencia el pensamiento de Esther Cohen (2000), la subjetividad es para un sujeto la interiorización de una exterioridad simbólica y cultural en una configuración específica en el mundo. Producir subjetividad no implica solo explorar la potencia que hay en un sujeto, su alteridad, sino el reconocimiento de construir ficciones de un sí vuelto otro. Constituye un territorio posible de carácter metafórico en tanto efecto y no representación de una verdad a revelar. Cada momento de la historia cultural determina una forma de hacer interior lo exterior, juegos de verdad que llamamos proceso de subjetivación. La producción subjetiva exterioriza y se proyecta a otros. En algunos casos de ese encuentro se constituye comunidad y, en otros, un choque que se vincula con la idea de resto.

La subjetividad provoca deseo y una experiencia vital de creación de sentidos en el que está interceptado el vínculo entre individuo y colectividad. Así, en una articulación estratégica entre marxismo y psicoanálisis, Terry Eagleton (2013) analiza la subjetividad asociando lenguaje y la literatura con el orden de la simbólica y el placer. Su teoría del placer presupone que la experiencia estética con la poesía simula una pantalla del inconsciente en la que se suceden lentos cuadros de lectura. La performatividad poética radica en la posibilidad de expandir las propias fronteras del sujeto al plegarse sobre la virtualidad del poema. El placer de dicha experiencia deviene en estos términosp.

Obtenemos placer de unir tanto como de liberar, de dominar como de ser dominados, de gastar como de ahorrar, de saber como de no saber, de igualar como de diferenciar, de articular como de identificar [...] estas diversas actividades se modulan de manera rítmica u orquestada de un modo que resulta aceptable, como administra cierta economía al ritmo del verso mismo [...] es cierta manera de extraer el gráfico del deseo de la pequeña obra dramática o narrativa de un verso. (Eagleton, 2013, p. 208).

La hipótesis central de Eagleton admite que el placer se encuentra dentro de los cálculos del poder con el fin de producir sujetos históricamente determinados. Constituidos como sujetos culturales nos encontramos atravesados por el problema político del placer. El desafío supone reflexionar el vínculo que se da en la relación del tipo de placer que se obtiene del arte y el que se alcanza por las luchas producto de las necesidades y las injusticias.

En esta articulación de la subjetividad, la exterioridad y el deseo emerge una primera hipótesis de trabajo. Al considerar la subjetividad un polo, la comunidad deviene en tanto respuesta o condición de posibilidad de una formación subjetiva. La mirada dialéctica de estos dos términos nos obliga a considerar que ambas nociones se ordenan sincrónicamente como consecuencia de su interacción.

Como primera síntesis, hemos analizado la subjetividad como pliegue de la exterioridad en el sujeto. El movimiento subjetivo intercepta también otro doblez. la expresión subjetiva hacia un otro a partir del cual se puede constituir comunidad. Esta es la réplica conceptual y virtual potencia abierta alrededor de la subjetividad. En tanto, la literatura es una forma expresiva que genera las condiciones de una réplica a las imposiciones simbólicas y culturales en lo que a comunidad refiere.

Comunidad y resto
En el final del relato “Comunidad” (2015) de Franz Kafka se explicita la constitución de un nosotros a través de una inverosímil semejanza y la presencia de un extraño que fuerza su ingreso . Kafka presenta los dilemas y paradojas de la comunidad entendida en términos de límites y fronteras que, en su máxima expresión, ordenó el ideario de comunidad nación de los estados modernos. Las fronteras rígidas del nosotros constituido, el encono a la permeabilidad de sus límites, el reconocimiento de un sentido real que los integre logra ser resuelto como diferencias negativas a través del sexto integrante. La otredad o resto del último integrante es lo que da sentido a su condición de estar juntos más que un a priori constituyente. Cuan más intempestiva y violenta es la definición del nosotros mayor es la intensidad del resto que insiste por integrarse.

En términos de Roberto Esposito (1998) la comunidad es, en su sentido etimológico, no solo lo que aúna a miembros sino a un munus, el deber, tarea o cumplimiento de una ley. Si el principio que convoca es la ley, esta contiene la culpa por su propia naturaleza perversa, señala Esposito. De ahí la imposibilidad de realizar una comunidad. Paradójicamente, la comunidad se ordena bajo la dicotomía de lo necesario y, al mismo tiempo, lo imposible. ¿De qué manera constituirla superando el imperio de los intereses y diferencias particulares de cada individuo que la compone? El problema así planteado explicita dos entidades. sujeto y comunidad. “No solo en la modalidad pasiva de la sujeción del quedar sujetado sino en la modalidad activa de la subjetividad. Así la ley corroe, atrapa, descompone nuestra subjetividad. La ley viene del afuera y conduce al afuera de nosotros.” (Esposito; 1998, p. 38). La cita explicita el principio de culpabilidad de la ley en tanto sujeción y control de formaciones subjetivas según los cálculos del biopoder.

En la aproximación de las categorías que hemos dado cuenta -literatura en Miguel Dalmaroni, subjetividad según Esther Cohen y Comunidad en Roberto Esposito- aparece recurrentemente la imposibilidad de aunar límites. La noción que recupera este rasgo que sale de toda territorialidad conceptual la llamaremos provisoriamente resto y nos permitirá reflexionar a propósito de la movilidad de estas categorías y sus matices conceptuales.

Una de las teorías que ha introducido la noción de resto fue el psicoanálisis al explicar aquello que el orden simbólico no reconoce pero que constituye al sujeto. Sujeto que en su naturaleza es una instancia escindida e incompleta por la falta de ese resto perdido; sobra o desecho que resiste a toda asimilación del significante. Sujeto deseante constituido sobre la base de esa escisión o pérdida.

Toda comunidad se sostiene en esa exclusión o resto que siempre vuelve, tal como se grafica en el relato de Kafka, como sujeto representado o bien como síntoma de naturaleza o no lingüística. Jacques Nancy lo describe en los términos de la intrusión.

Una vez que está ahí [...] su llegada no cesa [...] En vez de ser una molestia, es una perturbación en la intimidad [...]. El intruso no es otro que yo mismo y el hombre mismo. No otro que el mismo que no termina de alterarse, a la vez aguzado y agotado, desnudado y sobre equipado, intruso en el mundo tanto como en sí mismo, inquietante oleada de lo ajeno. (Nancy; 2006, p. 45).

Por otro lado, en el límite de lo innombrable e irrepresentable, Giorgio Agamben desarrolló la idea de resto a través de las figuras del musulmán en los campos de exterminio nazi y también la del testigo sobreviviente. En ambas aparece un doble límite. el de la condición humana para el primero y el de la imposibilidad de dar cuenta de lo ocurrido en el segundo. El testigo es una brecha entre el viviente y el hablante. En esta dirección, la palabra poiética recupera el hiato entre identidad y alienación, entre sujeto de la enunciación y sujeto del enunciado. Proceso de subjetivación desubjetivación que Agamben, siguiendo las tres emblemáticas publicaciones de Primo Levi, lo visualiza a través de la vergüenza. Me refiero a Si esto es un hombre, Los hundidos y salvados y Si ahora no, ¿cuándo?

La vergüenza del sobreviviente aunando la imposibilidad humana de mantener separadas la inocencia y la culpa.

Este ser expropiado y desubjetivado es también una extrema e irreductible presencia del yo a sí mismo. Como si nuestra conciencia se desmoronara y desertara por todas partes y, al mismo tiempo [...] a asistir sin remedio a su propia ruina, al que deje de no ser mío lo que me es absolutamente propio. En la vergüenza el sujeto no tiene, en consecuencia, otro contenido que la propia desubjetivación, se convierte en testigo del propio perderse como sujeto. (Agamben; 2006, p.110).

La noción de resto grafica la escisión descripta en el proceso de subjetivación y también la condición aporética de toda comunidad. Entre este polo de la subjetividad y la comunidad esbozamos la respuesta a uno de los interrogantes con lo que iniciamos esta presentación. la noción de comunidad se constituye por su resto, capaz de conectar con la potencia de cada singular subjetividad. Esta es la síntesis con la que la literatura puede organizar una particular experiencia con la lengua. El segundo interrogante inicial, ¿de qué manera la experiencia de la violencia es determinante de una formación subjetiva capaz de producir un horizonte de inteligibilidad en el encuentro con otros? será el asunto del último cuento escrito por Rodolfo Walsh y que la última dictadura cívico militar se encargó de desaparecer.

“Juan se iba por el río” de Rodolfo Walsh. comunidad, resto, deseo
Lilia Ferreyra redactó para la contratapa del diario “Página 12” en su edición del 9 de enero de 2006 el artículo “Dos lectores”. El relato narra el reencuentro en Madrid de la autora con su amigo Martín Gras quien había visto el cuerpo acribillado de Rodolfo Walsh en la ex ESMA y también el borrador de su último cuento perdido “Juan se iba por el río” antes de la desaparición conjunta del cadáver del autor y su escrito. En el devenir del encuentro ambos reconstruyen la totalidad de la trama ficcional. En el comienzo de la reunión, Ferreyra interpeló a Gras con relación al destino final del cuerpo de Walsh y, a medida que Ferreyra reconstruye parte del relato, su interlocutor retoma el hilo narrativo y ambos reponen su totalidad.

La imagen del autor escribiendo remite al contexto de lectura en el que Ferreyra leía los últimos escritos de su compañero. Entre los borradores se encontraba la novela interrumpida que da sustento al cuento. El cuento narra la actitud de un destierro. El actor social más característico de la historia nacionalista argentina, el gaucho, aquí decide cruzar el Río de la Plata ya que el territorio en el que vive no lo contiene. El relato coincide con los prolegómenos de la primera corriente inmigratoria, el derrotado que ve los trastos del emblema nacional, las arengas de los generales antes de las guerras y el retorno del cadáver de San Martín. Los momentos son coincidentes con el final de la vida de Juan, pero, a diferencia de la resignación por la inminencia de la muerte, como en El entenado, éste decide el cruce fluvial. El título se vuelve ambivalente en cuanto a que el destino último, si logra o no llegar a la otra orilla, no se conoce. El hipérbaton de la interpelación e imprecación a los coroneles por parte de Alsina “En la patria de ellos, yo me cago” (Ferreyra 2006) se cifra el gesto de resistencia y desafío característicos del género gauchesco (Ludmer1988).

La interrupción y continuidad remite a la condición comunitaria de la narración con el fin de estar en comunión con una experiencia. El conocimiento de la primera lectora, y ahora narradora del cuento, acerca de que otro está al tanto de la historia, redobla la apuesta por conocer aquello que el otro tiene como requerimiento de una narración ahora colectiva.

En la ficción, Juan ve la llegada de San Martín a orillas del Río de la Plata mientras recuerda lo pasado y, entonces, desafiando su destino, pasa al otro lado. Juan transita el Río de la Plata en una bajante. El final indeterminado había sido preanunciado por el autor ya que Rodolfo Walsh decide abandonar a su personaje y quedarse en la otra orilla, la Argentina. Para Lilia es la cifra perfecta para entender un destino atravesado por la ideología y el compromiso. La indeterminación de la acción que aparece en el título, iba, proyecta de modo equivalente el destino igualmente indeterminado del autor. Hay un diálogo en la reconstrucción de la historia que redobla la condición comunitaria.

La desaparición del cuento y la quema del cuerpo de Walsh parecen invertir un modo de intervención biopolítica. Se quema un cuerpo y se desaparece una escritura. Quien repone la historia es quien firma la nota como compañera de Rodolfo Walsh. Los dos únicos lectores del borrador se reconocen como tales, del otro lado del mar de donde sucedieron los hechos traumáticos. una es víctima del exilio; el otro, del cautiverio en la entonces ESMA. El encuentro fortuito entre Lilia Ferreyra y Martín Gras exterioriza la pregunta ya prefigurada en el título. ¿Dos lectores conforman una comunidad? Retomo esta pregunta a la luz de las reflexiones formuladas alrededor de subjetividad, resto y comunidad con el fin de recuperar la experiencia violenta que, al mismo tiempo, es condición de posibilidad comunitaria.

A modo de cierre
A partir del interrogante suscitado por el texto de Lilia Ferreyra conviene señalar el plus de sentido del eje subjetividad comunidad por cuanto los restos de las sucesivas desapariciones provocan una serie de ecos que remiten a una reflexión de la lengua. Esta es un activo semiótico en el que convergen diferentes fuerzas. memorias, violencias, utopías, obliteraciones. Hay un efecto último que se vincula con la experiencia histórica narrada en el texto, la historia de Juan nadando hacia la costa uruguaya, sobre el retiro de la figura del gaucho tras la consolidación del Estado nacional y un grito tras el exilio. Ese grito resuena (grito como resto en las entre épocas) para 1977, año en que fue escrito “Juan se iba por el río”. el último eslabón de un proceso de rupturas democráticas y también la apoteosis de la figura del Estado terrorista.

Subjetividad y comunidad funcionan como díada y resto funge en tanto tercero excluido, garante de la posibilidad de apertura y ruido de ambas nociones. En tanto, la literatura produce pliegues sobre pliegues. el registro histórico de la organización nacional, los hechos referidos del cuento perdido, la organización formal del cuento, la rememoración en ambos, el resto que se dirige a los años 80 y el presente. Pliegues superpuestos a irrupciones, que confluyen en significantes en tanto restos.

A lo largo de las presentes páginas hemos examinados la potencia reflexiva alrededor de las categorías subjetividad, comunidad y resto, sobre todo en lo que respecta al tratamiento de las crisis y conflictos de la cultura de nuestro presente. Los conflictos intersubjetivos de las formas comunitaria, las que se expresan a través de minorías y subalternidades o conflictos étnicos e internacionales tienen en la literatura un particular tamiz desde donde observar nuevos repartos sensibles y formas de vida.

 
 

Referencias

Agamben, G. (2004) Lo que queda de Auschwitch. El archivo y el testigo, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.

Agamben, G. (2005), Profanaciones, Buenos Aires, Adriana Hidalgo.

Agamben, G. (2006). Medios sin fin. Notas sobre la política. Pre-textosp. Barcelona. Cohen, Esther. 2000. “Genealogías del concepto de subjetividad” en Ensayo y subjetividad. Marcelo Ferreyra, Lilian. 2006. “Dos lectores”, “Página 12” edición del día 9 de enero.

Kafka, F. (2015). “Comunidad” en Comunidad y otros textos. Buenos Airesp. Ministerio de Educación.

Dalmaroni, M. (2009). La investigación literaria. Problemas iniciales de una práctica. Santa Fep. Universidad Nacional del Litoral.

Esposito, R. (1998). Comunidad, inmunidad y biopolítica. Eagleton, T. (2013). A contrapelo. Buenos Airesp. Nueva visión. Kristeva, Julia. 1988. Semiótica I. Buenos Airesp. Siglo XXI. Nancy, Jean-Luc. 2006. El intruso. Buenos Airesp. Amorrorto.
 

 

NOTAS:

[1] “No lo conocemos, y no queremos aceptarlo con nosotros. Tampoco nosotros cinco nos conocíamos antes, y, si se quiere, tampoco ahora nos conocemos unos a otros; pero lo que entre nosotros cinco es posible y se admite, con ese sexto no es posible y no se admitirá. Aparte de todo esto, nosotros somos cinco y no queremos ser seis. Y ¿qué sentido tiene, en definitiva, este permanente estar juntos? Ni siquiera para nosotros tiene sentido alguno. Pero nosotros ya estamos juntos, y continuamos así; pero no queremos una nueva unión, en razón, precisamente, de nuestras experiencias […]. Preferimos no aclarar nada, y no lo aceptamos. Por más que saque trompa 1o alejamos a codazos; pero por más que lo alejemos a codazos él vuelve.” (Kafka; 2015, p. 23).

 
 
  Universidad de Guadalajara
Departamento de Filosofía / Departamento de Letras